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_ > tos ESCRITOS POLITICOS de Rivarol son prota E parte mende conocida de la obra de este autor tan celebrado en los salones parisienses de las postrimerías del Antiguo Régimen por su pulido aticismo, su fino ingenío y su temible ironía. Acreditado por su laureada exposición de las excelencias de la lengua francesa, traductor y crítico literario de nota, el brillante tauseur se reveló súbitamente, cuando los Estados Generales del reino - mas en ld 39 Pan 3 Po servían de escenario a la

años Equal: como. “un E5el rilor pol Ítico lúcido y vigoroso. Esforzado- defensor, de EN ¿ monarquía. desde las páginas, vastamente di- fundidas entonc 5, del [ Diario Político Nacional, airoso polemista satírico -en-el Pequeño. diccionario de los grandes hombres de la Revolución, -consejero:sac Er y de crudo realismo en las Cartas al señor de La Porte, + pensador mad duro y clarividente elos escritos del exilio. Rivaro! mantuvo siempre. una: “actitud política tan neta y coherente como personal. Firme | de la corúna y censor Ja 1) de los Jacobinos y sus precursores ideológicos -, Rousseau WA JE imadas “filósofos” - , ho ahorró tampoco " eriticas. alos errores e inepcias de É nobleza, los ministros y el mismó 7 EST independencia de criterio | AN EME NS ESE cl lesgobtas q de este DEUOS por excelencia”, + muerto lejos de su pati la al ¡EN de su talento c C di 0

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imerg aversión sien a dificultad que pudo superar 105 o as 2 os os 1 > is ys. textos originales de 1790.

Condición” burguesa (aunque posinlemente em- > - Parentada con la nobleza italiana) Agrendió MES EEE OS

o tudió luego algunos años en el Sammario de Aviñón. Hacia AE A A EUA donde. residió un tiempo en laz sreximidades - de *la corte; más tarde se estatizam er Paris y y «alcanzó allí pronto renombre por se talento Y elegancia. Sus primeros escritos versan RES AS A - Qucirse, la Revolución en 1789, Rivarol se

+ pronunció «firme y elocuentemente por la mo-

Ab sarquía, en cuya defensa pubticó notables ar- 3 v"ticulos y opúsculos. Forzado a emigrar por | Agrazón en 1792, vivió sucesivamente —siem- >p e e icado a tareas intelectuales, y rodeado +: e y adímiradores— en Bruselas,

a. Y Antoine qe Rivarol n nació 1110) ez -burac Ñ ok EL de junio Hs pe 1) el. falleció el 41 A sol de 1801, cuando pro- $ Qe senorge Una mE de een piamontés y -yectaba EM CUE

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Antoine, de Rivarol ESCRITOS POLITICOS [189-1800]

- Introducciones, traducción y notas de

GUSTAVO A. PIEMONTE

EDICIONES DICTIO

Las notas que no señalan otra cosa son del autor. Las adiciones del traduc-

tor van entre corchetes. Las notas del traductor llevan la indicación: (N. del

E.) |

El retrato del autor en la cóntratapa es reproducción del pintado por Jean-M.-J. Wyrsch en 1784,

O EDICIONES DICTIO, 1980 Rivadavia 1255 1088 Buenos Aires

IMPRESO EN LA ARGENTINA Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Reservados todos los derechos de reproducción total y parcial, traducción y adaptación

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-—— Rivarol, escritor político

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Rivarol, escritor político

No es Rivarol, por cierto, autor desconocido para los lectores de habla castellana; pero tampoco es bien conocido. Apenas suelen ci- tarse de él unas pocas frases aisladas, cargadas generalmente de ingeniosa ironía, las cuales, transmitidas con fidelidad variable, han hecho llegar hasta nosotros, a través de dos siglos, algo del encan- to del conversador brillante que sabía mantener a los salones de una edad tan refinada como impiadosa suspendidos de su palabra. Quienes se interesan por la historia de las letras no ignorarán que fue autor de un renombrado Discurso sobre la universalidad de la lengua francesa, que era su idioma natal, a pesar del origen italiano de su familia, y al cual amó, estudió y cultivó hasta un raro grado de excelencia. Mas no son demasiados quienes recuerdan que este frecuentador de ambientes no menos frívolos que distinguidos, este

crítico burlón que se divertía en poner en su lugar desdeñosamen-

te, con algún epigrama tan sutil como punzante, a más de un necio o mediocre que soñaba con la gloria literaria, fue también un es- critor político profundo y vibrante.

No que tal haya sido la inclinación primera y espontánea de su espíritu. Durante varios años, después de instalarse, no sin es-

fuerzo, en la proximidad de la corte de Versalles, el joven caba-

llero llegado de un obscuro villorrio del Languedoc, de familia

- vinculada tal vez con un linaje ilustre, pero venida a menos, no

dio muestras de mayor interés por los asuntos públicos. “La po- lítica”, comentaría tiempo después, en carta enviada a una pariente desde el destierro h que se vio empujado al entrar en su cuadra- gésimo año de vida, “no es ciencia propia de la juventud; las cir- cunstancias desdichadas en que me encontré me forzaron a dirigir la atención hacia ese terreno. [...] El arte de gobernar a los hombres”, agregaba, “será siempre la primera de las artes; esta ne- cia especie es, efectivamente, harto difícil de conducir. Siempre hay que vérselas, o con su malicia en las épocas tranquilas, o con

19 | - INTRODUCCIÓN GENERAL

su barbarie en las agitadas.”* Palabras donde se recoge la amarga experiencia ¡de una personalidad cultivada y sensible, a quien el destino atrapó entre la decadencia de un régimen arruinado por la inepcia y la corrupción, y la atrocidad de reformadores que, para fundar su filosófico reinado de la razón y la virtud, sumergieron en un mar de sangre a la aterrorizada nación que no mucho antes era la envidia de Europa.

Rivarol, pensador político de ideas netas y posiciones inequí- vocas, nunca fue hombre de partido. Severo cronista de los excesos revolucionarios, igualado con Tácito por el mismo Burke, polemis- ta perspicaz y elocuente que ahondó el ataque al jacobinismo hasta sus raices ideológicas —el utopismo racionalista y los especiosos sofismas del Contrato social—, no ahorró tampoco reproches a la incapacidad de los ministros de la corona, y a la vacuidad de gran parte de la nobleza, ni dejó de reconocer la trágica insuficiencia de Luis XVI, ese “rey cazador”, cuya probidad incontestable no bastaba para cubrir la falta de luces y la aeoeso de carácter que precipitaron en el infortunio, junto con él, a la nación que no supo gobernar. Contrarrevolucionario declarado desde 1789 —cuando aún la flamante “Asamblea nacional” suscitaba la admi- ración de tantos, en el reino y en el extranjero, y nadie imaginaba que en días no lejanos el horror de la guillotina funcionaría regu- larmente en las plazas públicas—, jamás ignoró que, a fines del Antiguo Régimen, “una: revolución era tan necesaria en Francia que se había hecho inevitable”. No había en él ni un incondicional de los que justifican servilmente cualquier arbitrariedad del “orden establecido”, ni un defensor fanático del absolutismo; el ideal po- lítico que lo guiaba era, antes bien, el de la monarquía constitu- cional, tan opuesta al despotismo de un soberano o de sus favoritos

como a la demagogia anárquica. La imperdonable falta de los Es-

tados generales de 1789 fue, para Rivarol, el haber malogrado la. oportunidad de instalar en su patria ese sistema mixto que encon- traba descripto en Montesquieu, y realizado, aunque con imperfec- ciones, en Inglaterra. En su lugar, la Asamblea había rechazado la creación de una cámara alta, que pudiese intervenir como árbitro

“en caso de conflicto entre los diputados y la corona, y había redu-

cido al rey al ejercicio de un menguado “poder ejecutivo” que tenía por única función hacer cumplir los decretos del cuerpo legislativo,

1 Carta Healada. en Hamburgo, el 18 de agosto de 1797, a su tía Fran- goise de Rivarol,

pr

RIVAROL, ESCRITOR POLÍTICO 11

sin poder intervenir en su creación ni oponerse a su sanción, a no ser con un ilusorio “veto suspensivo”, cuya inanidad se puso de ma- nifiesto en la primera ocasión en que el trono pretendió hacer uso de él (respecto de las resoluciones del 4 de agosto de 1789). Con gran lucidez, Rivarol vio ya entonces acabada la monarquía; sólo era cuestión de tiempo la proclamación de la democracia como forma de gobierno; y ésta no podía significar de hecho, en un país como Francia, el ejercicio efectivo del poder por un pueblo de mi- llones, asentado en un territorio que en la época parecía inmenso, sino su acaparamiento por alguna camarilla de oportunistas que instrumentara con astucia la fuerza ciega de la plebe, especial- mente en la capital. “No hay que engañarse”, advierte con penetran- te y crudo realismo un pasaje del Diario Político Nacional, “el patriotismo es la hipocresía de nuestro siglo; es la ambición y la furia de dominar que se disfrazan con nombres populares. Los puestos estaban ocupados en el orden social: ha sido preciso enton- ces derribarlo todo para hacerse un lugar. Pues no es en absoluto el pueblo, no son los pobres, en cuyo nombre se ha hecho tanto: mal, quienes han ganado con la revolución ...”?

No intentamos, obviamente, en esta somera introducción, tra- zar un cuadro completo de la filosofía política de Rivarol, sino

- únicamente señalar brevemente algunos de sus rasgos característi-

cos —entre los cuales debe citarse también, por su perenne actua- lidad, su actitud ante los problemas financieros del Estado y ante

la especulación que florecía alrededor de los empréstitos concer-

tados imprudentemente por sucesivos ministerios—,? y ofrecer unos. pocos datos biográficos que faciliten el acceso del lector a textos cuya claridad exime por lo general de mayores glosas. Quien bus- que una exposición sintética de conjunto, que la riqueza a veces algo desordenada de nuestro autor hace deseable, cuenta, por lo

demás, con un excelente estudio de don Julio lIrazusta, reciente-

mente reeditado,* donde hallará una sinopsis, acompañada de bre-

- ves acotaciones críticas, de todas las obras políticas de Rivarol. Vaya

aqui, por cierto, nuestro reconocimiento al distinguido historiador entrerriano, que nos guió con su trabajo, y ayudó además a nuestra traducción suministrándonos gentilmente viejos y valiosos o nes de:otro modo inhallables en nuestro país. |

2 Op. cit., 22 serie, I

2 Cf. Diario Político Nacional, 9 serie, V, nota 19, etc. | a

4 “Rivarol”, en Estudios Histórico-Políticos, Buenos Aires, Dictio, 1974, pp. 46-102. |

de A INTRODUCCIÓN GENERAL

Los orígenes meridionales

Creemos conveniente situar aquí, muy sucintamente, los escritos que traducimos, y que presentamos en orden cronológico, en el marco de la vida de su autor, y de la tormentosa época en que se desenvolvió. Nacido en Bagnols, pequeña ciudad del Mediodía de Francia, no lejos de Aviñón, el 26 de junio de 1753, era nuestro

escritor hijo de Jean Rivarol —hombre de cierta instrucción que

ocupó en la región puestos públicos menores, y también ejerció, al menos temporalmente, oficios más burgueses—,* y nieto de An- toine-Roch Rivaroli, originario de un pueblo cercano a Novara, y oficial de las tropas del duque de Milán, que se había radicado en el Languedoc hacia 1717, tras haber participado en la guerra de Sucesión española al servicio de Felipe V. Este Antoine-Roch Ri- varoli era tal vez sobrino del marqués de Rivarol (o Rivaroles), un piamontés que llegó a teniente general de los ejércitos de Luis XIV, descendiente de una familia noble originaria de Parma, cuyas ramas se extendieron igualmente a Liguria, Sicilia y España. Es seguro, en todo caso, que Claude-Francois de Rivarol, hermano menor de nuestro autor, militar y también escritor, fue reconocido como noble de nacimiento —con el rango de caballero, o vizconde— en documentos oficiales emanados de Luis XVI y de Luis XVUI (a quien sirvió en la emigración). Por otra parte, la partícula no- biliaria ante el apellido, y el título de conde que usaba Antoine de Rivarol, sólo mezquinamente pueden discutírsele, pues los me- recía ciertamente, por su talento y su naturaleza genuinamente aris- tocrática, más que muchos fatuos herederos —o compradores— de pergaminos que en nada los salvaban de la mediocridad. Por lo demás, muchos pasajes de sus obras indican el poco caso que ínti- mamente hacía de esas vanidades mundanas, que obsesionaban e irritaban a tantos burgueses, cuyo resentimiento fue uno de los motores más poderosos de la Revolución.

Antoine recibió una educación eclesiástica, primero en el co- legio de los religiosos josefitas de su ciudad natal, y luego en el seminario de Aviñón, donde se le impuso la tonsura. Tenía parien-

- tes sacerdotes, entre ellos el hermano menor de su padre; eviden-

5 Fabricante de seda, y mesonero (cubergiste). La malignidad de sus enemigos hizo de esta última ecupación de su padre el motivo de innume-

rables pullas contra Rivarol.

RIVAROL, ESCRIT OR POLITICO 0 13

temente, el estado ciericar no era su -vocación: pero de aquellos años le quedó, además de una sólida formación humanística, un cierto conocimiento de la filosofía y teología escolásticas, el pro- fundo aprecio por Pascal que conservó toda su vida, y un fondo de religiosidad que toda la disipación y la incredulidad habituales en su siglo —y a las cuales no escapó— no consiguieron borrar. Las páginas del Discurso preliminar de 1797, en que defiende al Cristianismo y a la Iglesia contra Voltaire y demás “filósofos”, pueden explicarse por razones puramente políticas y pragmáticas; no obstante, la convicción y el tono encendido de su alegato le hicieron evocar la inspiración de Chateaubriand y De Maistre sobre análogos temas al mismo Remy de Gourmont, que sin embargo insistía en la falta de fe de Rivarol.* Éste murió, en todo caso, según

el sentido relato de un testigo ocular, en el seno de la Iglesia Católica.

París: los comienzos literarios (1783-1788)

Abandonado el seminario, el joven provinciano se trasladó, hacia 1777, con poco dinero en el bolsillo, a Versalles, y después a París, donde pronto se destacó por su donaire, su prestancia, y un extra- ordinario don para la conversación que lo hizo famoso y le abrió todos los salones. Fue recibido y encomiado por las celebridades de la hora, D'Alembert y Voltaire —a quien se atribuye el haber llamado a Rivarol “el francés por excelencia”—, Buffon y Diderot. Por entonces fue presentado también al editor Panckoucke, y pu- blicó sus primeros textos, colaboraciones en el periódico Mercure. Durante los diez o doce años siguientes, la producción de Rivarol fue exclusivamente de orden literario; de los varios artículos, opúscu- los y folletos de ese tiempo, recordaremos solamente el ya nombrado Discurso sobre la universalidad de la lengua francesa, escrito en 1783 para un concurso organizado por la Real Academia de Ciencias y Letras de Berlín, coronado por ésta y editado al año siguiente por su orden, obra que procuró a su autor no escaso renombre y cré- dito, tanto en Prusia como en la corte de Versalles; la traducción en prosa, publicada en 1785, del Inferno de Dante, poco conocido y menos apreciado hasta entonces en Francia, versión que es un

e la Introducción á Rivarol, París, ES de France, 5* edieión, 1923 (Collection des plus belles pages), p p. XL

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14 . | INTRODUCCIÓN GENERAL

bello homenaje a la lengua de sus antepasados y al genio del poeta medieval; el malicioso Pequeño Almanaque de nuestros Grandes Hombres, año 1788, antecedente, en el campo de las le- tras, del Pequeño Diccionario de los Grandes Hombres de la Revo- lución que vio la luz dos años más tarde (y a cuyas páginas de presentación remitimos); y, por último, las dos Cartas al señor Necker sobre la importancia -de las opiniones religiosas, impresas en Berlín, 1788, en las cuales Rivarol la emprende ya con el pesado banquero ginebrino, transformado en profesor de moral merced a los ocios que le imponía su temporario desfavor ante el rey, situa- ción que pronto concluiría con su vuelta al ministerio en agosto de dicho año. De allí en adelante, los ataques de Rivarol continuarán persiguiendo al director general de Finanzas del reino, pero ya en el terreno específicamente político, al cual se verá arrastrado nuestro autor, como todos los franceses de cualquier oficio y con- dición, por los dramáticos sucesos de los años siguientes.

El cambio de escenario político en Francia

Un cambio de largo alcance se estaba preparando entretanto, efec- tivamente, en el escenario público. El Gobierno, enfrentado con acuciantes dificultades económicas, apelaría a un recurso desespe- rado que, al sobrevenir en un ambiente cargado de descontento, y emponzoñado por la inmoralidad y la irreverencia que una filosofía disolvente había puesto de moda, había de inaugurar un proceso cuya culminación sería el estruendoso derrumbe de las envejecidas y resquebrajadas estructuras del Antiguo Régimen, en catástrofe jamás vista. El 8 de agosto de 1788, tras un “cuarto intermedio” de ciento setenta y cuatro años, eran convocados los Estados gene- rales del reino, que reunían a los representantes del clero, la noble-

za y la burguesía, estos últimos en doble número que los de cada

uno de los otros estamentos, según reforma introducida el 27 de diciembre de ese año. o |

La inauguración de los Estados generales se efectúa el 5 de mayo de 1789, en Versalles, con un discurso del rey ante los tres

estamentos reunidos, según la tradición; mas pronto el tercero de

ellos, el tiers état o estado llano, se proclama unilateralmente “Asamblea nacional”, y ante la tentativa gubernamental de clausu- rar sus deliberaciones, celebra la famosa sesión del 20 de junio en una sala destinada al juego de pelota, donde los diputados juran: no separarse hasta no haber dado una constitución a Francia. A

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KIVAROL, ESCRITOR POLÍTICO | Ne

partir de allí la iniciativa quedará con la Asamblea, y los distintos sectores coligados contra el rey, cada uno en pos de ideas y obje- tivos particulares. El 14 de julio, un grupo de amotinados asalta

la vieja Bastilla, temible prisión de Estado en otro tiempo, pero por

entonces casi deshabitada, y obtiene la rendición del puñado: de guardias que la custodia. El hecho es magnificado como una victo- ria sobre el despotismo, y ya se habla por todas partes de revolu- ción. Se vota en la Asamblea la abolición de los privilegios de la nobleza (noche del 4 de agosto), y la “Declaración de derechos del hombre” (26 de agosto). Cunde la alarma en la corte, y comienzan las emigraciones, entre ellas la del conde de Artois, hermano menor

.del monarca reinante y futuro Carlos X. El 5 y 6 de octubre, el

populacho de París, aprovechando la actitud ambigua de la Guar- dia nacional comandada por el marqués de La Fayette, invade Versalles y obliga al rey y a su familia a trasladarse a la capital, donde quedarán bloqueados en el palacio de las Tullerías durante cerca de tres años.

El defensor de la monarquía (1789-1792)

Todos los hechos mencionados hallan su cronista e inflexible censor en Rivarol, quien, a pesar del creciente riesgo para su persona, continúa residiendo habitualmente en París, con ocasionales visitas a la residencia campestre de algún amigo, uno que otro viaje a las provincias del norte —Picardía, el Cambrésis— y tal vez a Bélgica, y estadías de unos pocos meses en los alrededores de Noyon, y posteriormente en Maisons-Laffitte, para sustraerse a pe- ríodos de excesiva agitación en la capital. Sus escritos políticos se inician con los artículos vigorosos y lúcidos en el Diario Político Nacional (julio de 1789 a noviembre de 1790), del cual se convierte a poco andar en responsable exclusivo, y las colaboraciones satíricas «en el periódico que con el título de Hechos de los Apóstoles fundó poco después un grupo de aristócratas amigos suyos. En esta se- gunda línea se ubica el ya mentado Pequeño Diccionario de los Grandes Hombrés de la Revolución, audaz catálogo burlesco de aspirantes a próceres editado en 1790. Hacia fines de dicho año, Rivarol se llama a silencio. La situación empeoraba día tras día para los monárquicos: el club de los jacobinos seguía ganándoles terre- no a los constitucionalistas moderados, y las esperanzas de sofocar

a los insurgentes por la fuerza se hacían cada día más débiles ante la indecisión del rey y la defección del ejército. La venta de los

18. E INTRODUCCIÓN GENERAL

bienes de la Iglesia y el juramento de fidelidad que se exigía hacia

la nueva Constitución civil del clero provocaron la condenación

papal, y fue robusteciéndose en las potencias extranjeras, especial-

mente Austria —gobernada a la sazón por Leopoldo II, hermano

de María Antonieta— y Prusia, la idea de que a no largo plazo

sería menester terminar con el creciente peligro que la Revolución

de Francia representaba para el resto de Europa, mediante una

intervención armada.

En abril de 1791, la muerte de Mirabeau signa el fracaso defi- nitivo de los proyectos de monarquía constitucional; la frustrada huida de la familia real —detenida en Varennes el 20 de junio de ese año— hace aún más rigurosa la vigilancia de los revoluciona- rios en torno al palacio de las Tullerías, convertido virtualmente en prisión. En tales circunstancias, Rivarol, a través de un leal fun- cionario de la corte, M. de la Porte, transmite al rey varios es- critos donde le ofrece sugerencias tácticas, tan desprejuiciadas en cuanto a los medios aconsejados, como aparentemente ingenuas en lo que respecta a la capacidad efectiva de ponerlas en obra de su destinatario. Dichos documentos, no destinados a la publicidad, son

los últimos textos políticos que redactó nuestro autor mientras residía

aún en su patria.

El triunfo de los jacobinos y la emigración de Rivarol: Bruselas, Holanda, Londres (1792-1794)

En efecto, el 10 de junio de 1792, obedeciendo a una sugerencia del propio Luis XVI, Rivarol abandona Francia, conmovida por pre- parativos de guerra, y lanzada ya irreversiblemente hacia la aboli- ción de la monarquía. Refugiado primero en Bruselas —entonces bajo dominio austríaco— es testigo de la efervescencia de los no- bles emigrados, ilusionados con una restauración sin variantes del Antiguo Régimen por obra de los ejércitos extranjeros. Preocupado por la estrechez de miras de sus dirigentes, Rivarol intenta con- trarrestar la rigidez y agresividad del Manifiesto del duque de Brunswick con su ecuánime Carta a la nobleza francesa, donde exhorta a los aristócratas, en caso de triunfar sobre los jacobinos,

- a mostrar moderación y magnanimidad. La amenaza en las fron-

teras precipita los acontecimientos en la capital: tras el asalto a las

- Tullerías por la turba, y la suspensión y encarcelamiento del rey,

los “constitucionales” como La Fayette quedan desubicados; el ex comandante de la Guardia nacional acaba por refugiarse en terri-

RIVAROL, ESCRITOR POLÍTICO 17

torio austríaco, donde lo alcanza un vindicativo libelo de Rivarol sobre su Vida política (agosto de 1792). La victoria republicana en Valmy acarrea como consecuencia inmediata la supresión de la monarquía por la Convención nacional, que reemplaza a la Asam- blea legislativa (21 de septiembre), y semanas más tarde llega el proceso y condenación de Luis XVI, que será guillotinado el 21 de enero siguiente. A su ejecución sucederá multitud de otras, entre ellas la del malhadado Felipe Igualdad, paradigma de ambicioso intrigante evocado por Rivarol en su Retrato del duque de Orleans (1793 ó 1794). El “Comité de Salvación Pública”, dirigido por Ro- bespierre, reorganiza el Tribunal revolucionario, que envía al cadal- so 'a miles de. franceses por una mera sospecha; es el Terror, que alcanza su apogeo en junio y julio de 1794.

Ante la aproximación del ejército republicano de Pichegru, Ri- varol deja Bruselas, y pasa algunos meses en ciudades holandesas: - Amsterdam, La Haya, Rotterdam. Finalmente se embarca para Lon- dres, en el otoño de 1794. Ningún escrito suyo importante se nos - conserva de esa época azarosa; en cartas posteriores rememorará. los riesgos enfrentados en sus viajes, entre los cuales se contaron dos naufragios y la persecución de un buque corsario francés, que lo obligó a arrojar al mar un paquete de cartas, algunas “muy im- portantes y muy honrosas”, como un Breve que le había dirigido el papa Pio VI (carta a su padre del 26 de enero de 1801). La. permanencia en Londres no es muy larga; en la primavera siguien- te, primeros meses de 1795, Rivarol parte hacia Hamburgo, en cuyos alrededores se instala, en una casita de campo rodeada de: sicómoros que ha de ser su residencia por más de cinco años.

Los años de Hamburgo (1795-1800)

En Hamburgo se había radicado una cantidad apreciable de emi- grados, y el escritor no tarda en reunir a su alrededor un grupo atraido por su deslumbrante conversación, vividamente retratada por el poeta Chénedollé en un testimonio recogido por Sainte- Beuve que se refiere precisamente a esa época. También se vincu- la con 'el editor Fauche, en cuyo periódico Spectateur du Nord pu- blica algunas colaboraciones, y a quien seduce sobre todo con su proyecto (finalmente abandonado) de un nuevo diccionario de la. lengua francesa. Será dicho proyecto ocasión de inacabables dis- cusiones por la tardanza del autor en cumplir lo convenido; pero.

18 o - INTRODUCCIÓN GENERAL

le debemos, al menos, un valioso Discurso preliminar, de interés

no sólo para la filología, sino también para la historia política, por

sus capítulos finales, que traducimos en este volumen. Corría 1797,

y muchos cosas habían cambiado mientras tanto en Francia; tras

la caída de Robespierre en 1794, y la supresión del Tribunal re-

Ñ volucionario al año siguiente, la Convención nacional se disuelve,

E y se instala el Directorio (Constitución del año 1II), gobierno cuya

y debilidad en los asuntos internos, tanto financieros como políticos,

Ñ contrasta con las victorias militares de Francia en el exterior, que

ll van engrandeciendo la figura recién surgida de Bonaparte. Espe-

E ranzado con las medidas moderadas de las nuevas autoridades, que

. habían abrogado muchas disposiciones contra los emigrados y con-

tra la Iglesia, Rivarol comienza a pensar en el retorno. Quería

volver a ver a sus padres, y por otra parte, las brumas del Norte

y aquellos pueblos “que el sol mira al sesgo” no podían retener al

meridional ávido de luz y calor: “Cuatro cosas son necesarias por

igual para mi imaginación enferma”, escribirá en una de sus últi-

¡y mas cartas a un amigo de su país natal,” “vuestros aires, vuestras

aguas, vuestros frutos y vuestra conversación. Sucumbo moral y fisicamente en estos países del Norte.” |

7 Berlín: el proyecto de regresar a Francia, y la muerte (1800-1801)

a En septiembre de (1800, Rivarol se marcha finalmente de Hambur- le go, pasa por Brunswick, y a fines del mes se encuentra en Berlín, o sede de la corte prusiana, y de la Academia que había laureado su Il trabajo sobre la lengua francesa dieciséis años atrás, y de la cual | había sido nombrado “asociado extranjero” por Federico el Grande. En Berlín halla el desterrado un círculo de amigos inteligentes y fieles; mas a pesar del afecto de éstos, y de reconocer los méritos de aquel reino profundamente militar, sigue atenaceándolo la nos- talgia de Francia, que los pesados prusianos imitaban en cuanto > podían sin jamás iguarla. En las últimas semanas del invierno de 1801, su plan está definido: en abril, o a más tardar en mayo, par- E tirá hacia el Rin, pasando por Dresde, y desde Baden entrará en | - su patria. Sólo lo detiene el temor de dificultades con el gobierno ja francés, que acababa de enviar a prisión a su hermano Claude- Francois, ferviente monárquico. El golpe de Estado del 18 de bru-

7 Carta a M. de Caste, fechada en Berlín, el 24 de enero de 1801.

|

RIVAROL, ESCRITOR POLÍTICO | E

mario del año VIII (9 de noviembre de 1799) había hecho a Napo- león Bonaparte, recién vuelto de Egipto, dueño del poder con el títu-- lo de Primer Cónsul, y la victoria de Marengo (14 de junio de 1800) afianzaba su prestigio ante Europa. Ahora bien, el último escrito político de Rivarol, poco antes de partir de Hamburgo hacia Berlín, había sido precisamente el Prospecto de un nuevo diario político: proyectado para apoyar a los Borbones exiliados contra Bonaparte. Dichas páginas, y otras que tenia al parecer ya listas sobre el tema,. quedaron inéditas, en gran parte, probablemente, debido a vacila- ciones del autor sobre 'la oportunidad de publicarlas.

El 4 de abril de 1801, Rivarol se siente algo indispuesto; dos. días después, se halla postrado en su lecho, pero no se cree real. mente enfermo, y continúa conversando animadamente con los amigos que vienen a visitarlo. El médico diagnostica no obstante una inflamación pulmonar grave; tras una aparente mejoría, el 10- de abril el enfermo cae en delirio, y al día siguiente, sábado 11 de abril de 1801, recibidos los últimos sacramentos de manos del sacerdote católico del lugar, muere, a los cuarenta y siete años.

de edad.

La obra inacabada; ediciones póstumas

Los papeles inéditos fueron inmediatamente puestos bajo la cus- todia de dos amigos del difunto, y más tarde remitidos a un. comerciante de Hamburgo. Muchos años después, hacia 1825, el hermano preferido de Rivarol, el ya mencionado Claude-Francois, logró que se los restituyeran, y publicó en 1831 De la Souveraineté : du Peuple, y en 1836 Pensées inédites, ambas como obras póstumas. de Antoine, pero donde la intervención del propio Claude-Francois. es demasiado frecuente y libre como para que podamos tomarlas. literalmente por tales.

Alguien, sin embargo, se le había adelantado a examinar los manuscritos, y había hecho desaparecer el texto en limpio del Dis- curso sobre la soberanía del pueblo, así como el plan dividido en capítulos de la Teoría del cuerpo político en que trabajaba Rivarol cuando sobrevino su muerte: el abate Sabatier de Castres, efímero- colaborador de nuestro autor.en el Diario Político Nacional, quien se sirvió ineptamente de los materiales saqueados en los inéditos:

¡para componer su obra De la Souveraineté, connaissance des urais

principes du gouvernement des peuples, publicada con pie de im-- prenta en Altona, 1805. Hay allí, según los críticos, páginas admi- -

7

20 e INTRODUCCIÓN GENERAL

rables, todas de Rivarol, pero tan entreveradas y mal transcriptas que su cribado y utilización es harto difícil, y no sabemos se haya intentado hasta el presente, a pesar de que contienen fragmentos valiosos del último pensamiento político de Rivarol. Sería, a no dudar, un interesante tema de investigación para quien contase con los medios necesarios, y representaría un progreso considerable en el conocimiento de un autor que no ha sido excesivamente favo- recido en cuanto a trabajos de edición.

En la carta arriba citada a su amigo De Gaste, * Rivarol, ya al fin de su corta carrera, le escribía: “Me decís que no tenéis todas mis obras: pero si las tuvieseis, estaríais mejor que yo. Son verda- deramente las hojas de las sibilas; se las lleva el viento.” Años después de la muerte del autor, Fayolle y Chénedollé se encarga- ron de preparar una edición en cinco volúmenes? a la cual titu- laron Oeuvres completes (París, 1808). Mas lamentablemente, falta allí al menos un tercio de los escritos auténticos de Rivarol, y fi- guran otros apócrifos, e incluso libelos dirigidos contra él. A más de ciento setenta años de aquella recopilación, aún no ha sido sus- tituida por otra realmente integral, y de texto seguro. Para las traducciones que presentamos en este volumen, nos hemos servido en cada caso del mejor texto francés disponible, según indicamos en la presentación de las diferentes obras. En dos casos, en par- ticular, hemos podido utilizar las ediciones originales de 1790: para el Pequeño Diccionario, gracias a la atención de don Julio Irazusta; y para la parte final del Diario Político Nacional (22 serie, X, XXI y XXIV, y toda la 3* serie), a través de fotocopias enviadas por la Bibliotheque Nationale de París. Queremos agradecer, a propó- sito de estas últimas, el interés demostrado hacia nuestra gestión para obtenerlas por el Agregado Cultural de la Embajada de Fran- cia en Buenos Aires, M. Jean-Pierre Bernés.

Referencias bibliográficas

La presente edición no pretende ser un trabajo de erudición, pa- ra el cual nos faltó tiempo y medios. Por eso nos contentaremos

- con indicar aquí dos .obras fundamentales, que nos han sido suma-

ménte útiles, y remitimos para otras indicaciones a las páginas de presentación de cada una de las obras traducidas.

8 Ver la nota EA más arriba. » Reimpresa hace unos años por editorial Slatkine, Ginebra, 1988

RIVAROL, ESCRITOR POLÍTICO 21

—La vieja biografía de André Le Breton, Rivarol; sa vie, ses idées, son talent, d'apres des documents nouveaux, París, Hachette, 1895, VI1-388 pp., resulta aún indispensable, al no haber sido reem- plazada por ninguna otra obra de conjunto. Le Breton, profesor de la Facultad de Letras de Burdeos, realizó investigaciones origi- nales y minuciosas, utilizando no sólo enorme cantidad de impresos de los años de la Revolución relativos al tema, sino también ma- nuscritos por él hallados en archivos públicos, o en poder de la familia de Rivarol. |

—La antología ya citada,'” de la colección Les plus belles pages, publicada por las ediciones Mercure de France, ha sido reeditada varias veces, la última, según nuestros datos, por Jean Dutourd, en 1963. Comprende pasajes bastante extensos ordenados por ma- terias (literatura, política, filosofía) mumerosas cartas, y una re- copilación de reflexiones aisladas, anécdotas, bons mots —en que fue tan pródigo Rivarol—, amén de una importante bibliografía (pp. 329-336 en la edición de 1963).

Hacemos notar aquí que nuestra propia edición no tiene ca- rácter de 'antología, ya que presentamos íntegros todos los escritos de Rivarol de contenido político, que le pueden ser atribuidos con certeza en el estado actual de los estudios sobre el tema; ello no significa, por supuesto, que investigaciones efectuadas en Francia o en otros países de Europa no vayan a sacar a luz nuevos textos. Lo consideramos muy probable, y esperamos, cuando sucediere, po- der completar esta primera versión castellana, para la cual solici. tamos desde ahora la indulgencia del lector.

GusTAVO A. PIEMONTE

19 Véase la nota 6, más arriba.

+ Diario Político Nacional (1789 - 1790)

Título original: JOURNAL POLITIQUE-NATIONAL

Introducción

Al promediar el año decisivo de 1789, ya reunidos, en respuesta a la primera convocatoria regia desde comienzos del siglo anterior, los Estados generales de Francia, y cuando los diputados de la bur- guesía acababan de proclamarse “Asamblea nacional”, y se habían juramentado en la famosa sesión del Jeu de paume, apareció en París el “Prospecto” de un nuevo periódico, que se anunciaba defen- sor de la causa de la monarquía: el Journal Politique National. Dos días más tarde, en la misma fecha —14 de julio— en que una turba armada, reforzada por tropas de las Guardias francesas que habían desertado en masa, asaltaba la Bastilla, se iniciaba, con el segundo número del Diario Político Nacional, la publicación de los “Resú- menes históricos y razonados de los acontecimientos”, destinados a discutir en profundidad las resoluciones, los procederes y las ideas rectoras de la Asamblea. El Diario, de frecuencia bastante regular al principio, y más accidentada luego, se extendería hasta fines del año siguiente, en tres series —a las cuales se abonaban los suscrip- tores por adelantado— de veinticuatro números cada una las dos primeras, e interrumpida tras el octavo la tercera.

En sus comienzos aparece como responsable del periódico el abate Sabatier de Castres, cuyo nombre es reemplazado a partir de la segunda serie por el de un tal “señor Salomón”, domiciliado en la ciudad de Cambrai, sobre el Escalda, no lejos de la frontera belga. Evidentemente, en este segundo caso se trata de un pseudó- nimo; y según la interpretación más plausible, el mismo encubre a Rivarol, de quien sabemos por otro lado que fue colaborador de Sabatier desde el primer momento, y luego responsable exclusivo de la publicación.!

1 La zumbona “Carta sobre la captura del abate Maury en Pérenne”, que forma el último número de la primera serie, ubica a su anónimo autor en la región de Picardía, contigua al Cambrésis, a fines de julio de 1789; un testimonio posterior del abate Sabatier confirma que se encontró por entonces

26 | DIARIO POLÍTICO NACIONAL.

Antoine Sabatier, natural de Castres, en el Languedoc, es ducir, meridional como Rivarol, había conocido a éste en Versalles, donde: el abate (así llamado aunque sólo había recibido la tonsura) gozaba de residencia y pensión provistas por la Corte, en premio a sus violentos ataques contra Voltaire y demás “filósofos”. Al comenzar a adquirir los enjundiosos y elocuentes artículos del nuevo periódi-- co la fama que merecían, Sabatier quiso presentarse como el ins- pirador intelectual de la obra, dando a entender que sólo dejaba a su colaborador el cuidado de la forma literaria. Nadie entre quie- nes conocían a. ambos escritores parece haber caido. en la ingenui-. dad de creer. en sus pretensiones. Los críticos posteriores tampoco: le han reconocido más que unos pocos textos. sin mayor importan- cia, entre ellos el Prospecto inaugural; el * “Mensaje a los. Imparcia- les”, que constituye el N% X de la segunda serie, le fue atribuido: por A. P. Malassis (1877), y M. de Lescure muestra haberlo seguido en su edición de 1880: pero Le Breton concluyó que eso era un: contrasentido originado en una mala interpretación de la “Adver- tencia” que Rivarol insertó en el número siguiente. Nuestro autor no parece haber tenido nunca gran aprecio por Sabatier, a quien no volvió a mencionar desde que cesó la fallida colaboración entre: ambós. Tras la muerte de Rivarol en el exilio, el persistente abate, que había seguido vanagloriándose del Diario Político. Nacional co- mo creación suya, e incluso lo había hecho. reimprimir en provecho- propio, se las arregló para echar mano a valiosos papeles inéditos. del difunto sobre el tema de la soberanía, y. los publicó con su: nombre —en forma tan. inepta, para colmo, que el resultado es, al decir de Le Breton, una “informe amalgama”.

Los “Resúmenes”, que comienzan por: ser una crónica y discu- sión de los actos de la Asamblea nacional, y de las respuestas que: el rey daba a los crecientes ataques de la misma contra 'su autori- dad, amplían enseguida su campo de observación para incluir todos: los factores que, actuando simultárieamente y en variadas combi-' naciones recíprocas, iban produciendo, cada vez más aceleradamen-- te, una profurida alteración en la estructura política del reino: las: maniobras del ministro Neckér, mediocre banquero aclamato por

con dicho autor —a quien no identifica, pero que es indudablemente Riva-- rol— en Cambrai. Ha de saberse, por otra parte, que el Diario Político Na- ciónal "pasó pronto: a imprimirse en Bruselas, pues en París los talleres se- negaban a hacerlo por temor a los revolucionarios: ello puede explicar “tahi vez, entre otras causas, la presencia de Rivarol. en el horte de Francia, Cerca: de la frontéra. s

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INTRODUCCIÓN : es

un engañoso instante como salvador de Francia; las intrigas del.

duque de Orleans, dividido entre la ambición y la cobardía; los manejos de los especuladores para: que el Estado hiciera frente a la enorme deuda pública, y salvara así sus intereses personales; los ensueños racionalistas de los abogadillos